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Dámaso

Dámaso Alonso

(Madrid, 1898-1990) Filólogo y escritor español. Educado en el colegio de Nuestra Señora del Recuerdo, se licenció en derecho y obtuvo el doctorado en letras por la Universidad Central. Fue profesor del Centro de Estudios Históricos, catedrático de lengua y literatura española, desde 1933, en la Universidad de Valencia y, tras la Guerra Civil, de filología románica de la de Madrid (1939-68). Sucesor de Menéndez Pidal en la dirección de la Revista de Filología Española, fue profesor visitante en numerosas universidades extranjeras (Berlín, California, Stanford, Cambridge, Columbia, Harvard, Yale, Oxford, Johns Hopkins, etc.) y doctor honoris causa de las de Burdeos, Costa Rica, Friburgo, Hamburgo, Lima, Massachusetts, Oxford, Leeds, Roma, Lisboa y Granada.

Entre otras numerosas instituciones extranjeras a las que perteneció figuran las academias Arcadia y Lincei, de Roma, Crusca, de Florencia, la American Philosophical Society, la British Academy, etc. Fue académico de las Reales Academias de la Lengua (Madrid, 1948) y director de la misma (1968-82) y de la de la Historia (1959), y presidente en 1960 de la Modern Humanities Research Association y de la Asociación Internacional de Hispanistas (1962-65).

Ha sido considerado el primer crítico literario en lengua española, notable poeta y uno de los más sagaces conocedores de nuestra historia literaria. Fue galardonado, entre otros, con los premios Nacional de Literatura (1927), Fastenrath de la Academia de la Lengua y el Miguel de Cervantes (1978).

Su fama arranca de su edición de Las soledades de Góngora (Madrid, 1927), cuyo prólogo constituye uno de los estudios más agudos hechos sobre el célebre poema. Al gran poeta cordobés siguió dedicando numerosos trabajos, como su ya clásico libro sobre La lengua poética de Góngora (Madrid, 1935), los Estudios y ensayos gongorinos (Madrid, 1955), donde reúne un buen número de trabajos de subido interés (como los referentes a la estructura del endecasílabo, simetría, correlación, etc.), y su edición, anotada, con un extraordinario prólogo, del Polifemo (Madrid, 1960). La influencia de estos trabajos en la valoración de la poesía gongorina, y barroca en general, ha sido extraordinaria y ha obligado a cambiar del todo la visión heredada y tales trabajos son fuente obligada y constante de los estudiosos.

Pero la curiosidad del genial investigador no se detuvo ni mucho menos en la obra de Góngora. Desde las célebres jarchas mozárabes a la poesía de un autor contemporáneo, como Blas de Otero, pasando por algún oscuro poeta del siglo XVI, su vigilante atención y sus grandes conocimientos históricos y filológicos han arrojado abundante claridad sobre numerosos autores y problemas. Casi podría escribirse una curiosísima historia de la poesía española reuniendo ordenadamente estos trabajos.

El sensacional descubrimiento de las jarchas mozárabes le llevó a estudiar, antes que nadie, la relación entre esa lírica primitiva y la posterior en sus Cancioncillas de amigo mozárabes (Rev. de Filología Española, 1949). Al Poema del Cid dedica el Estilo y creación en el Poema del Cid (recogido, junto con otros muy interesantes, en los Ensayos sobre poesía española, 1944), al paso que otros artículos breves sobre Berceo, el Arcipreste de Hita, Gil Vicente y otros pueden leerse en su libro De los siglos oscuros al de Oro (Madrid, 1958) y Del Siglo de Oro a este Siglo de siglas (1962).

Más extensos son los estudios suyos dedicados a Garcilaso, Fray Luis de León, San Juan de la Cruz, Lope, Góngora y Quevedo en su Poesía española. Ensayo de métodos y límites estilísticos (Madrid, 1950, con trad. al italiano, alemán y rumano), donde, a su vez, se hallan unas páginas decisivas sobre su concepción de la estilística como ciencia de la literatura española.

Sobre lingüística publicó en 1962 La fragmentación fonética peninsular. De 1942 data su penetrante libro sobre La poesía de San Juan de la Cruz (1946); de 1948 es la Vida y obra de Medrano, dos libros llenos de rigor, sensibilidad y agudeza interpretativa; y de 1972 su estudio En torno a Lope. También descuella «La epístola moral», de Andrés F. de Andrada (1978).

Finalmente, una serie de estudios, muy bellos y originales, sobre la mejor poesía del siglo XX pueden verse en Poetas españoles contemporáneos (Madrid, 1952) y Primavera temprana de la literatura europea (1961). Le debemos también preciosas ediciones de las poesías de Gil Vicente, Luis Carrillo y Medrano, más alguna antología tan bella como la de la Poesía de la Edad Media y Poesía de tipo tradicional (1936) y Cuatro poetas españoles (1962). Tradujo a Eliot, Joyce, G. M. Hopkins, Wartburg y Maragall.

Sin embargo, Dámaso Alonso dirigió también su atención sobre la épica francesa y su estudio La primitiva épica francesa a la luz de una «nota emilianense» (Madrid, 1945) altera de un modo notable las teorías sobre los orígenes de la épica francesa, lo mismo que su trabajo sobre la Poesía de Petrarca e il petrarquismo («Lettere italiane», XI, 3, 1959) marcará también una época en los estudios sobre el petrarquismo europeo.

Todos los trabajos del genial maestro se caracterizan por reunir armoniosamente tres notas que con mucha frecuencia suelen encontrarse aisladas, pero raras veces unidas: profunda erudición y exquisito rigor, inteligencia muy despierta y una gran sensibilidad, junto con un dominio expresivo muy elegante y gracioso. Porque no en balde Dámaso Alonso fue también un extraordinario poeta, muy singular entre los de su generación.
Como poeta inicia su obra con Poemas puros, poemillas de la ciudad (Madrid, 1921), El viento y el verso (1925), donde, sin mucha dificultad, pueden encontrarse temas que cristalizarán más tarde en sus otros libros, mucho más densos e importantes. En 1944 aparecen Oscura noticia (con algunos sonetos muy bellos y una impresionante Elegía a un poeta muerto) e Hijos de la ira (1944).

Este último libro, compuesto de poemas en versículos sobrecogedores, ha sido decisivo para el desarrollo de la poesía española en los últimos años, como reconocen numerosos críticos. Liquidó una lírica de tipo más o menos neoclásico y lanzó a los jóvenes poetas a la búsqueda de una poesía que expresase la angustia del tiempo. El poeta confesaba por otra parte no sentirse muy tentado por una lírica llena de perfección formal, sino por otra muy distinta: «Hoy es sólo el corazón del hombre lo que me interesa: expresar con mi dolor o con mi esperanza el anhelo o la angustia del eterno corazón del hombre. Llegar a él según las sazones por caminos de belleza o a zarpazos».

Hijos de la ira es un libro sobrecogedor, preñado de angustia y de consuelo frente al mundo, escrito en un lenguaje directo y muy hiriente. Su libro Hombre y Dios (Málaga, 1955) gira alrededor de este tema, el hombre frente a Dios, en diálogo eterno. Dámaso Alonso no fue un poeta existencialista, como él lo demostró, sino un hondísimo español preocupado por trasladar a la lírica temas muy nuevos y también muy viejos dentro de la poesía española, en una forma muy actual y heridora. En 1972 se inició la publicación de sus Obras completas (8 vols., 1993).

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