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Jorge Guillén

(1893-1984), poeta y crítico literario español, miembro de la generación del 27.

Video: Viento saltado, poema de Jorge Guillén recitado

Nació en Valladolid. Está considerado, junto a Pedro Salinas, uno de los más ilustres “poetas profesores” de la generación del 27 y de las letras españolas en general. Fue catedrático de Literatura en las universidades de Murcia (1925) y Sevilla (1932). Antes había sido profesor de español en la Sorbona (1917-1923). Se exilió (1938) a raíz de la Guerra Civil española y enseñó en diversas universidades estadounidenses y de Hispanoamérica.

Fue colaborador de las más importantes revistas literarias, como España, La Pluma, Litoral, Índice, Revista de Occidente y muchas otras. Además, como gran crítico literario y teórico de la poesía, estudió la obra de varios poetas europeos e incluso tradujo el Cementerio marino, de Paul Valéry, autor y obra que influirían en sus trabajos creativos posteriores. Con el poeta simbolista francés compartía la fe en la poesía pura, que según él es “lo que queda cuando al poema se le quita todo lo que no es poesía”. Regresó a España después del fallecimiento de Franco (1975), y se instaló en Málaga, donde murió. En 1976 se le concedió el Premio Cervantes en su primera edición.

La obra de Jorge Guillén se caracteriza por su gran preocupación formal. Cántico, uno de sus libros más importantes, conoció cuatro ediciones, la primera de 1928, y las sucesivas —ampliadas y modificadas— de 1936, 1945 y 1950. Este poemario se inscribe dentro del llamado “conceptismo conceptual” propio de ciertas vanguardias europeas, desde el cubismo al futurismo. Constituye un himno continuado de afirmación vital, un cántico a la creación, al goce de existir, a la armonía del universo. Pero todo ello expresado de una manera intelectual, filosófica, preguntándose sobre la inmutabilidad de las cosas como lo harían los filósofos Parménides o Heidegger. El principio del poema “Perfección” puede servir de ejemplo:

Queda curvo el firmamento,
compacto azul, sobre el día.
Es el redondeamiento
del esplendor: mediodía


El libro fue creciendo de los setenta y cinco poemas de 1928 hasta los trescientos treinta y cuatro de la última edición. Las nuevas poesías no las fue añadiendo al final, sino que el poeta las fue intercalando demostrando la atemporalidad de la poesía, al margen de estilos y creencias.

El segundo periodo en que suele dividirse la obra poética de Guillén, viene constituido por Clamor, con sus tres volúmenes: Maremágnum (1957), ...Que van a dar en la mar (1960) y A la altura de las circunstancias (1963). En estas obras el poeta interviene de modo contundente en las agitadas aguas de la poesía inmersa en los problemas de su tiempo: poesía civil o política, en donde la voz se alza vigorosamente como lúcido testimonio de un país y de una época: el dolor y la muerte en él son autobiográficos, pues vive en el exilio y acaba de morir su primera esposa. El desgarro se aprecia en este final del poema “Muerte de unos zapatos”:

Todo me anuncia una ruina
que se me escapa. Quebranto
mortal corroe el decoro.
Huyen. ¡Espectros-zapatos!


En Homenaje (1967), que constituye el tercer periodo de su obra, Guillén realiza una síntesis magistral de las dos tendencias previas, con una poesía pura pero llena de referentes concretos. Aire nuestro (1968) recoge su poesía completa, a la que luego se añadirán Y otros poemas (1973) y Final (1982).

Guillén, que es uno de los componentes más destacados de la generación del 27, también publicó obras críticas, en las que estudió a autores clásicos y contemporáneos, como ocurre en Lenguaje y poesía (1962). En 1978, fue elegido académico de honor de la Real Academia Española.


Fuente: "Jorge Guillén," Enciclopedia Microsoft® Encarta® Online 2008

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