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Elena y la pantera

Tienes que disculparme, cuando vienes a verme suelo callar. Ahora entiendo el motivo de tu intermitencia. Pero hoy es diferente. Voy a contarte a cerca de los motivos de tu soledad y de la mía...
Su ausencia había creado en mí cierto estado de templanza. Apetecía poco de la belleza al punto que refugié mis delirios en la levedad. Invierno luego primavera. En ciclos, vagabundos, letras, colores y líneas...
Varios años más tarde, un hermoso animal eyaculado desde una matriz anónima casi gris, esparció su brillante negrura por mi habitación un ocaso de septiembre. Cuando me saltó a las retinas, tuve que arrodillarme. El repentino encuentro me exigió sortear la opción de inflamar mi cobardía como antes en la alcoba de Marina -esa noche cuando dormí con ella por primera vez- sin embargo permanecí inmutable. La bestia trazó un exquisito paseo entorno a mí. Se detuvo. Abrió las fauces dejando caer un libro. Lo recogí zozobrando. ¿Qué quería de mí? ¿Desde cuándo me esperaba? ¿O es que volvió con la precisión de Gaia solo para desequilibrarme? Dejé de abstraerme cuando sus letras me rozaron el lado izquierdo del corazón. Contemplé en sus hojas el inicio y el fin de todo lo que no conozco aún y yo fotografiando todo en mi cerebro. No podía olvidar ningún detalle. Tenía que registrarlo todo. Su verdad me paralizó y la pantera serena, como si su presencia fuera una invitación para ir al cine. ¿Por qué tenía yo que llevar el peso de la verdad en la conciencia? La certeza es perturbante. Realmente es complicado asumir el vértigo.
Cuando miré a Elena entrar en la habitación supe que algo no estaba bien. Quise decirle que la amaba y que sentía mucho no haber podido acompañarla. Elena acarició a la pantera y escribió en mi mente: “tienes lo que tanto habías buscado. Lo siento pero tu mismo extraviaste las llaves”. Discurrí en voz baja para que no escuchara: gracias por traerme tu despedida. Pasé mis horas olfateando respuestas y reprochando tu ausencia. Voy a discutir con los vivos la razón de lo que no se ve. Tu razón de ser. A continuación ambas figuras se perdieron entre las desencajadas cortinas.
Elena había muerto mucho antes. Dicen que yo lo hice. No puedo asegurar inocencia tampoco recuerdo haberla asesinado.
Lo único real es una especie de eclipse parcial. La inconciencia de mi lucidez – ¿o la conciencia de mi locura?- me dotó de una especie de intuición. Su provocativa intermitencia mantiene mis trabajos sube y baja.
Desde entonces el mundo para mí es un collage. Alucino. Rostros cotidianos mudos. Bocas repletas de santos y vacías aliento. Ciudades de alfiler erguidas sobre arena movediza. Múltiples llamas dobles atravesando la inexistencia de respirar en una selva de asfalto. Alucino, una pintura tras otra.
Hace tres meses inicie “La Pantera”, para Elena. Un elogio a la oportunidad de clarividencia que me regalaron esas bestias apasionadas que trastornaron mi vida. ¿Y por qué llame así a la poesía? Ya lo sabes. Un momento de claridad. Eso es todo. La verdad duele cuando tienes conciencia. Y Elena y la pantera si que atormentan.
He descrito tu soledad y la mía como haz querido ¿Cuándo vas a dejarme salir? Amada princesa desde aquí contemplo la eterna caminata de las razas y prefiero el silencio porque es un voto. Un trato que hice con Elena... y que me imposibilita hablarte hasta que abras los ojos. ¿Dices que no te escucho? ¿Cómo? Si siempre estoy contigo...hasta te he oído decir:”Pero si soy feliz así... ¿por qué voy a cambiar mi felicidad por tus promesas?... duerme...duerme...creo que es mejor cerrar los ojos y practicar estrategias de felicidad...duerme...”
¿Cuándo vas a dejarme salir...princesa?


Autor:Gaia
País: Ecuador
Edad: 25 años

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